A estas alturas todos tenemos alguna noticia o conocimiento sobre el vacío de contenido de los Convenios y los movimientos entre patronales y sindicatos para llegar a acuerdos sobre el peligro que corren más de 1'8 millones de trabajadores por la pérdida de sus derechos. El caso, pues, es que ante las últimas reformas de PP-PSOE, prácticamente se ha vaciado de contenido de los derechos laborales, y sobretodo tras la eliminación de la famosa ultraactividad a partir de este pasado 8 de julio.

El caos provocado ha surgido tras la eliminación de la posibilidad de prórroga automática de convenios denunciados y pendientes de renovación, es decir, la ultraactividad. Esto significa que millones de trabajadores se encuentran actualmente en una situación de incertidumbre e inseguridad jurídica, y con el claro peligro de la pérdida de sus derechos laborales, pues los Convenios Colectivos que hasta el momento los amparaban, van a decaer poco a poco en interés de los empresarios.

Nuestro “querido” gobierno, nos la justificó como la necesidad de actualizar la negociación colectiva y hacerla más ágil, teniendo en cuenta los tiempos que corren. Sin embargo, el peligro de esta regulación es la mala fe practicada por gran parte del empresariado en bloquear las negociaciones y no llegar a acuerdo alguno para inaplicar los avances conseguidos en los Convenios Colectivos.

La patronal y los malogrados sindicatos -CCOO y UGT- que permiten la pérdida sucesiva de derechos, llegaron en mayo a un acuerdo para prolongar unos meses más las negociaciones entre partes y en caso de bloqueo, acudir a una mediación obligatoria o arbitraje voluntario. No obstante, este mal acuerdo no garantiza ni obliga la deseada renovación de convenios, y no evita la mala fe sobre los bloqueos, por lo que, se trata de una solución a medias que claramente no arregla la situación. De esta forma, los sindicatos se lavan las manos y se eximen de responsabilidad a pesar de que no consiguen solución alguna.

Así pues, todos aquellos Convenios que no hayan sido negociados o sin acuerdo, pierden su vigencia y su aplicación, por lo que se acudirá al Convenio Colectivo de ámbito superior (con la consecuencia del cambio de condiciones inmediatas y sin que el trabajador pueda tener opción a decidir si quiere o no esta aplicación). En caso de que no exista, se dará la aplicación de la regulación mínima del Estatuto de los Trabajadores, la cual nos traslada a condiciones propias de la época de la transición, es decir, una paso atrás en la lucha de los derechos del trabajador, y la gran pérdida de derechos sobre salarios, jornadas o libranzas. Cuanto más arriba el marco legal de la actividad económica de la empresa y más lejos de nuestro puesto de trabajo, menos derechos y salario para nosotros y más beneficios para los empresarios.

Por lo tanto, no se ha producido ningún tipo de agilización, más bien un caos y un vacío normativo con la intención de debilitar a la parte trabajadora, dejando el mando al empresariado. ¿Qué sucederá con estos miles de trabajadores que hoy día siguen pendientes de acuerdo?¿Y qué sucederá cuando finalice la pequeña vigencia de estos acuerdos exprés? Claramente, la solución de los sindicatos mayoritarios es ceder a muchos de los derechos conseguidos como mal menor, sin plantear otro tipo de alternativa.

Lo cierto es que los trabajadores cada vez estamos más indefensos y cada vez somos más vulnerables ante el abuso empresarial y las casi “divinas” leyes del mercado. Con tan solo, una pequeña frase en la regulación laboral realizada sin el consenso del resto de actores sociales y sin la necesidad de pasar por el Parlamento, se ha modificado un gran pilar del derecho del trabajo y va a dejar a los trabajadores prácticamente indefensos frente a la perdida sucesiva de derechos. Crea y juzgue el lector, si la "real urgencia" que se justificó en esta reforma era realmente justificada.

A pesar de todo esto, la organización, la lucha obrera y la presión del trabajador, así como las denuncias ante los tribunales son las opciones más adecuadas para preservar estos derechos, pues es claro que no podemos confiar en los llamados sindicatos mayoritarios, y si bien en nuestro propio país no cuidan a sus ciudadanos, la normativa internacional apoya la negociación, la buena fe, los derechos laborales y la dignidad del trabajador.

Hemos de tener claro que el proletariado es quien garantiza los beneficios al empresario, ya que, sin mano de obra, no existe producto ni beneficio alguno. De tal forma, que en aquella frase de “¿quien fue primero, la gallina o los huevos?”, como paralelismo entre trabajadores y empresas, apuesto claramente por los trabajadores, pues éstos son el origen de los deseados beneficios para las empresas, son quienes los producen y quienes mueven la sociedad y determinan su camino. Así pues, animo a retomar lucha obrera y a recuperar estos derechos, pues nunca nada estará perdido sino se lucha por ello.

… Levántate, tente en pie;
tente en pie por tus derechos.
Levántate, tente en pie;
nunca te rindas en la lucha...
BOB MARLEY (1945- 1981)